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La dosis 34

PERSONAL

Entendimos que no era suficiente. Todo terminó. Como una dosis de alegría dentro de un ataúd a mala fé.

Disparamos caballos de abundancia y pudimos comprender que el proceso creativo pasa por un estado de letargo, para a a veces resurgir , quizás otras para no volver jamás.

Recuerdo la tensión entre lo mundano y lo auténtico. Sentimientos subastados al mejor postor. Vendimos nuestra alma al diablo –hace tiempo– por dos pesetas, rendimos cuentas ante los mercaderes del gran bazar.

Todo es una filfa una patraña adquirida por amor al arte.

De eso vine a hablar, de lo artístico que resulta el drama de los desdichados. Entendido como un proceso de renovación espiritual para dar a luz un ser cósmico. 

Quizás no entiendas un carajo de lo que estoy diciendo, mi intención es llevarte por un viaje de paranoia y esclavitud sensorial, juguemos una y otra vez a la ruleta rusa, encontremos el punto donde el equilibrio entre la razón y la osadía se unen.

Busco linajes perdidos, apuestas imposibles o perros de presa. Te invito a sentarte conmigo, devorar el café de los mercenarios. Reto a todos y cada uno de vosotros a jugárselo a una carta, a buscar la firma de los juglares, de los músicos o poetas de bar.

Nos enrolaremos en un viaje en barco por los mares de las sensaciones perdidas. Buscaremos el tesoro de los Mackenzie. Abriremos cofres de sombras. 

Mientras tanto yo estaré en el mismo lugar. No me he movido. Mi whisky solo y Frank no me han abandonado.

Sigo viviendo en el número 7, Sabina me lo alquiló.

Gracias Joaquín.

Continuará...

 



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