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Abierto 24h

PERSONAL

Empezamos un año en el que bien o mal me apetece escribir más porque es mi autoterapia de fin de semana, mi bálsamo en forma de prosa.


Los años, como todo en esta vida, empiezan cuando uno quiere. No entiendo que nadie ni nada nos marque el tempo.


Entiendo 2021 como un año de esperanza renovada o quizás el punto de inflexión que muchos buscamos después de lo que ha sido un año cuanto menos curioso.


Todos hemos echado de menos abrazar, viajar, festejar. Me tomo este nuevo año sin demasiadas pretensiones. Buscaré cantinas de media noche, donde el tiempo se pueda alargar con o sin sirenas. Intentaré dedicarme más tiempo a mi mismo (solo a mi mismo) huir de fuegos cruzados, tocar el banjo una vez más.


Si hemos llegado hasta aquí es con la firme intención de sacar otra ronda, de juguetear con los momentos, de reír, de charlar hasta el amanecer entre piratas.


Somos arlequines a la espera de señales reales. He coqueteado con la imprudencia, las ganas de vivir o quizás me he recostado en el lecho de una vida que esperaba un poco más.


Seremos lo que queramos ser, seguiremos creando nuestros propios demonios pero quizás esta vez nos acordemos un poco más de salir, porque si algo hemos aprendido este año es de la importancia de pisar la calle. Esa calle que guarda tantas historias fascinantes.


Seguiremos aquí. En el rincón donde nuestra memoria se siente cómoda, en el lugar donde vecinos y alienígenas juegan al poker en bañador.


Quiero un año donde pueda estrechar la mano a mis visados, un año sin manta y peli. Un año donde pueda recordar la sensación de estar lejos una vez más.


Seguiremos apostados en la trinchera del tío Luigi, con más o menos acierto pero con solo una cosa clara: Estaremos abiertos 24h, porque de eso se trata, de lo que pueda venir y cuando, de si salimos a jugar, de si nos comeremos el partido, de si queremos vivir.


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